lunes, 7 de septiembre de 2015

Animalismo y revolución

Desde hace un largo tiempo he venido pensano en la gran molestia que me causa los defensores de los derechos de los animales domésticos, pero me cuesta escribirlo de la manera adecuada para poder entenderlo.
Pienso en la cantidad de personas que he escuchado hablar sobre su amor inmenso a perros y gatos y la extraña manera en que miran a cualquier persona que no se lanza a acariciar a un gato que camine libremente con cara de ternura.
Es complejo hablar del tema, pues es cierto que existe un amor animal, es cierto que aveces es gracioso ver esos patéticos programas del animal planet de "animales graciosos", pues los animales se hacen querer, pero es urgente pensar en qué es lo que realmente se defiende.
El gran problema de la liberación animal es que en gran parte, los militantes se limitan sólo a los animales que ven, es decir a sus mascotas personales, o en el mejor de los casos a las mascots de otros. Defienden con entusiasmo su derecho a vida, cariño, alimentación, desparatización, y una larga lista de cuidados humanizados. El problema de esta serie de pensamientos caritativos es que se continúa viendo al animal como un ser inferior que necesita de nuestro cuidado y protección. Visualizando al perrito o gatito como un objeto animado de entretención. Sus dueños le compran disfraces, le dan la comida que a ellos les gustaría. lo bañan y les dan nombre de acuerdo a lo que cause más gracia en relación a su cara, pero más allá del chiste, se olvidan de la realidad paralela a la que estan sujetas los animales.
Hay que partir siempre desde el pensamiento de que todo lo que sentimos, y mucho más lo que pensamos, está mediado por una serie de conceptos heredados de la ideología predominante, y moldeada por el lenguaje, que por supuesto crea conceptos en base a las necesidades de un sistema, pero que nada tiene que ver con el entendimiento de un animal. Tampoco es posible pensar como un animal, pero muy distinto es, por ejemplo el modo de ver a los animales dentro de otras culturas. Los Mapuches, sin ir más lejos, no contemplaban palabras distintas para denominar mascota y amigo, por ende, la relación que se tenía con un perro por ejemplo, no es la de un amo- mascota, sino la de dos amigos que se cooperan mutuamente, entregandose a la vez lo que cada uno requiere del otro.
Tan distinto entendimiento frente a lo que la cultura hegemónica nos ha entregado, donde el animal no es más que un objeto de decoración.
Si se logra pensar en el animal como un ser único y sintiente (aún pese a las diferencias cognitivas con las nuestras) ya no es necesario pensar siquiera en el vegetarianismo o veganismo. La matanza a cualquier tipo de ser viviente y sintiente pasa a ser un delito. Del mismo modo se acaba cualquier tipo de espectáculo que involucre la participación involuntaria de cualquier tipo de seres.
Tan dificil pareciera la posibilidad de plantearnos frente a la empatía, por sobre la caridad, que resulta confuso aún pensar en dejar de acariciar a un gato. No digo que el animal no lo disfrute, por el contrario, lograr de tal manera el disfrute mutuo y no, el simple antojo animalista del momento.
Pienso entonces, en otro tipo de animalistas, los que creen que aún el humano tiene algún tipo de utilidad dentro de la vida del animal "al perro hay que esterilizarlo, para que no sufran en la calle", "al caballo hay que ponerle herraduras para que no se le tuerzan los cascos", "a la vaca hay que ordeñarla, sino se le acumula la leche hasta podrirse". Este tipo de afirmaciones, no hacen más que demostrar nuestra triste creencia de que el humano es el dios que debe resguardar cada uno de los movimientos de la naturaleza, que practicamente hay que regar la selva para que las plantas subsistan, creyendo que nuestra inteligencia es mayor que toda la sabiduría de los multiples sistemas y microsistemas de vida en diversos espacios ecológicos.
Creo, desde este punto, que el animalismo, si bien puede ser una palabra útil para denominar la línea de lucha que se sigue, es un sinsentido si no está ligada a un concepto mucho más amplio de pensamientos. Es así que ser vegetariano, sin cuestionar los métodos explotadores que usa el capitalismo, para con nuestros compañeros humanos, no es más que ser un consumidor de un capitalismo verde. Desde el otro punto, ser un crítico del capitalismo, amante del anarquismo y la liberación humana, mientras se asesina miles de animales para nuestro disfrute, no es más que ser un humanicentrista posliberal.
Creo que todas las luchas van juntas, reclaman el derecho de la liberación total de los seres, o no son más que pequeñas luchas autoconsentidas que nos hacen sentir un rato comodos, a sabiendas que el verdadero fin, jamás lo conseguiremos, pues no nos importa. No son más que otras tantas pequeñas luchas de ego.



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